domingo, 1 de noviembre de 2026

ASTROLOGIA HELENISTICA - LXXIV

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ASTROLOGIA HELENISTICA  - by Chriss Bernan

NODOS ASCENDENTE Y DESCENDENTE:

LOS NODOS LUNARES SON PUNTOS MÓVILES EN EL ZODIACO DONDE LA TRAYECTORIA DE LA LUNA CRUZA LA ECLÍPTICA. A PESAR DE SU RELEVANCIA EN LA ASTROLOGÍA MODERNA, LOS NODOS NO SE TRATAN CON MUCHA FRECUENCIA EN LA ASTROLOGÍA HELENÍSTICA; NO OBSTANTE, CONTAMOS CON SUFICIENTES REFERENCIAS COMO PARA COMPRENDER, AL MENOS DE FORMA BÁSICA, CÓMO LOS UTILIZABAN DIVERSOS AUTORES.

A continuación, HEFESTIÓN cita a DOROTEO a partir del texto original en verso:

«CUANDO SELENE PASA POR EL NODO ASCENDENTE, SI —LLENA DE LUZ— TAMBIÉN AUMENTA SU AVANCE NUMÉRICO, ENTONCES, SEA LO QUE SEA QUE COMPRES, TERMINARÁS PAGANDO MÁS DE LO QUE DEBERÍAS».

«PERO, AL SEGUIR LOS CAMINOS DESCENDENTES —AQUELLOS EN LOS QUE ELLA DECRECE, DIRIGIÉNDOSE HACIA UNA DISMINUCIÓN—, LA ADQUISICIÓN RESULTARÁ SENCILLA».

El «nodo ascendente» al que aquí se hace referencia es, claramente, el Nodo Ascendente; por su parte, GRAMAGLIA señala que los «caminos descendentes» probablemente aluden a un «decrecimiento en latitud hacia el Nodo Sur, o en torno a él». Así pues, parece tratarse de una referencia bastante explícita —que se remonta al siglo I d. C.— que apunta a una conceptualización temprana en la cual el Nodo Ascendente se asocia con la cualidad de «aumento», mientras que el Nodo Descendente se vincula con la de «disminución». Es posible que RHETORIUS ampliara este concepto o lo desarrollara más que algunos de sus predecesores —dado que parece mencionar los nodos con mayor frecuencia que la mayoría de los astrólogos helenísticos—, pero esto demuestra que, en realidad, se basaba en parte en una tradición ya establecida en torno a los nodos. No obstante, es probable que esta fuera solo una de las formas de conceptualizar los nodos; en cierto sentido, podría haber representado un enfoque alternativo, fundamentado en el significado simbólico del aumento y la disminución de la latitud de la Luna.

Otra perspectiva desarrolló interpretaciones a partir de la relación de los nodos con los eclipses, fenómenos que se consideraban inquietantes y de mal augurio.**

CAPÍTULO 8: LOS SIGNOS DEL ZODIACO (Los *ZOIDIA*)

Se puede observar cómo cada uno de los siete «planetas» tradicionales recorre el firmamento, pasando junto a diversas estrellas fijas y constelaciones. Si se presta atención durante un periodo de tiempo suficientemente largo, es posible notar —tal como hicieron los antiguos observadores del cielo— que los planetas se desplazan a lo largo de una trayectoria relativamente estrecha, atravesando únicamente determinadas constelaciones. ESTE CAMINO QUE RECORREN LOS PLANETAS EN EL CIELO RECIBE EL NOMBRE DE «ECLÍPTICA» Y FORMA UN CÍRCULO O BANDA QUE RODEA LA TIERRA POR COMPLETO. Hacia el siglo V a. C., los MESOPOTAMIOS comenzaron a dividir el círculo de la eclíptica en doce segmentos iguales de treinta grados cada uno; durante el periodo helenístico, este conjunto pasó a denominarse «zodiaco», término derivado de la palabra griega *ZOIDION*.

Resulta algo complejo traducir el término *ZOIDION* (en plural, *ZOIDIA*) a otras lenguas, ya que, en griego, posee dos significados distintos. Según el léxico LSJ, el término deriva de la palabra *ZOION*, la cual se emplea a veces en textos no astrológicos para referirse a un «ser vivo» o un «animal», mientras que, en otros contextos —como el artístico—, puede aludir a una «imagen», «figura» o «representación» de algo. Parte de esta doble acepción podría deberse a que las constelaciones asociadas originalmente con los signos zodiacales se interpretaban como representaciones de seres vivos, tales como el Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, etcétera. La cuestión se complica aún más debido a ciertas ambigüedades gramaticales: el término astrológico *ZOIDION* puede ser un diminutivo de *ZOION* —lo que sugeriría algo de menor tamaño o entidad, como «un ser vivo menor» o «una imagen pequeña»—, o bien podría incorporar un sufijo de carácter locativo, indicando que el signo constituye un espacio donde algo se ubica —por ejemplo, «el lugar de un ser vivo» o «el lugar de una imagen»—.

Lamentablemente, no existe un término en español (ni en inglés) que logre abarcar por completo los diversos significados subyacentes en *ZOIDION*. Schmidt se enfrentó a este dilema desde su traducción de Paulo de Alejandría en 1993, optando por mantener el término transliterado como *ZOIDION* durante años, hasta dar con una traducción satisfactoria. Posteriormente, GREENBAUM siguió este mismo criterio en su traducción de Paulo, publicada en 2001. Se descartó la denominación convencional de *ZOIDIA* como «signos», bajo la premisa de que, si bien la raíz latina *SIGNUM* aludía originalmente a una «imagen», el término actual «signo» ha evolucionado de tal modo que ya no transmite con precisión el sentido de la palabra griega original. En 2009, Schmidt optó por la convención de traducir *ZOIDION* como «imagen», de modo que sus traducciones posteriores hacen referencia a «LA IMAGEN DEL CARNERO» o «la imagen del Aguador», y así sucesivamente. Para los fines de este libro, mantendré la convención tradicional de referirme a los *ZOIDIA* como los «signos» del zodiaco.

Considero que esta denominación es suficiente, dada la forma abstracta en la que los *ZOIDIA* llegaron a utilizarse: como un conjunto de cualidades inteligibles que podían percibirse mediante la mente, y no necesariamente siempre como imágenes visibles que pudieran contemplarse con los ojos. Si bien es cierto que, en ocasiones, las imágenes concretas asociadas a las constelaciones influyeron en la interpretación de determinados *ZOIDIA*, para algunos astrólogos que empleaban el zodiaco tropical —como Ptolomeo—, los *ZOIDIA* dejaron de ser tanto imágenes de objetos para convertirse, en cambio, en divisiones abstractas de la eclíptica, que se consideraban asociadas a ciertas cualidades. Probablemente por esta razón, astrólogos como Ptolomeo utilizaban a veces un sinónimo, refiriéndose a los signos del zodiaco como «doceavas partes» (*DODEKATEMORIA*), designando así cada uno de los «signos» como una división abstracta de la eclíptica en doce partes iguales. Se creía que cada una de estas divisiones estaba asociada a determinadas cualidades y que, por consiguiente, era capaz de ofrecer señales o presagios sobre cuestiones específicas. Dado que la acepción moderna del término «signo» alude a algo que indica o señala —evocando así una serie de significados concretos a partir de la aparición de una imagen o un símbolo—, el uso actual de la palabra no difiere tanto de su aplicación en la astrología grecorromana como para justificar la introducción de una convención totalmente nueva en la práctica contemporánea.

Como señaló el POLÍMATA romano VARRÓN en el siglo I a. C., al tratar la etimología de los términos latinos para «signos» y «constelaciones»: «Las mismas entidades reciben tanto el nombre de "signos" como el de "constelaciones". Se denominan "signos" porque significan algo; por ejemplo, Libra significa el equinoccio». Por tanto, aunque el lector deba tener presentes otros significados originales subyacentes al término *ZOIDION* —especialmente al consultar traducciones—, a efectos de este libro mantendré la convención moderna de referirme a los *ZOIDIA* como «signos» del zodiaco.

 

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