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lunes, 31 de agosto de 2015

LA ASTROLOGIA II

LA ASTROLOGIA
 
 “Un sistema de representación de la realidad” Por  Thorwald Dethlefsen
 
 Este material no es para reproducirlo o fijar en otros blogs o websites, o en documentos PDFS, como ha sucedido con otros artículos nuestros sin autorización previa de parte de La Escuela Internacional de Astrología.
 
Sabemos entonces que en los tiempos antiguos los 7 principios primordiales se llamaron Sol, Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpi­ter y Saturno. A estos 7 principios primordiales se les asignaba en cada caso un cuerpo celeste, que recibía el mismo nombre; además se personificaron y se señalaron como dioses. Por eso tenemos que completar nuestra matriz como sigue:
 

Principio Primordial
(X) - Saturno
(Y) - Marte
Ideas
 
 
Definición del Principio
Estructura, obstáculo, tiempo
Energía, impulso
Cielo
Saturno
Marte

Los astros como representantes
 
El sistema que enseña los 7 principios primordiales y sus efec­tos sobre los distintos niveles de la realidad, se llama Astrología, que cuando habla de Saturno, lo que en realidad quiere significar es el principio primordial Saturno. En la tarea puramente práctica, la astrología usa para la observación a su representante, el cuerpo celeste Saturno. La astrología es y será la doctrina de los principios primordiales, no de las estrellas. Los planetas son un nivel practica­ble, pero reemplazable. El que sabe realmente astrología, con el tiempo casi no necesita más ese nivel, porque ha aprendido a cono­cer los principios en todos los niveles.
 
Con esto se deberían poder aclarar casi todas las malas interpretaciones y errores sobre la astrología. Los adversarios de la as­trología niegan generalmente la posibilidad de una influencia con­creta de los astros sobre el hombre. Se ha aclarado ahora que este reproche no es válido para la astrología, pues ella misma no presu­me ninguna influencia de los astros sobre el hombre.
 
Pero la confusión se produce porque todavía hay astrólogos que creen ellos mismos en una influencia de este tipo. Algunos de ellos hasta se consideran especialmente progresistas y científicos y se re­fieren a resultados de investigación que constatan correlaciones en­tre los cambios de posición de los astros, erupciones de las manchas solares y los campos electromagnéticos de una célula viviente. Nadie duda de esta correlación, pero la misma no dice nada sobre un efecto de los factores cósmicos sobre las células en la tierra. Esto confirma solamente el fenómeno arriba descrito del comportamiento análogo en los distintos niveles. Uno puede correlacionar todo, pero esto no significa en absoluto demostrar efectos causales.
 
No hay que dejarse forzar a creer, a raíz de semejantes resulta­dos de investigación, que la astrología examina los efectos de los cuerpos celestes sobre nuestra vida. Todos los astrólogos sobre la fundación de un estado, la concertación de contratos, la coloca­ción de piedras fundamentales, etc. ¿Qué tiene que ver con todo esto la cháchara sabihonda de la influencia electromagnética sobre nuestras células? En la mayoría de los horóscopos todo astrólogo calcula con posiciones de los astros que en el momento de su inter­pretación ni siquiera se encuentran en el firmamento (tránsitos, di­recciones, revoluciones solares, etc.). Resumiendo:
  1. La astrología se ocupa de los principios primordiales arque­típicos, que representan en el nivel de las ideas, las piedras originales de construcción con las que se ha compuesto la realidad en todas sus formas fenoménicas.
  2. Estos principios primordiales atraviesan verticalmente to­dos los niveles de las formas fenoménicas. Así es como sur­gen cadenas de analogías, cuyos eslabones individuales, si bien pertenecen a distintos niveles, también representan todos un principio común.
  3. La observación de un nivél cualquiera se puede transportar con ayuda de la analogía a cualquier otro nivel. El nivel de referencia de la astrología es el cielo.
  4. Los principios primordiales de la astrología se llaman Sol, Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y Saturno. Los cuerpos celestes del mismo nombre no son más que los representantes de estos principios. En los tiempos modernos se trabaja con tres principios adicionales, a saber Neptuno, Urano y Plutón.
  5. No hay relaciones causales efectivas entre los astros y los distintos niveles de la realidad.
  6. La astrología resulta ser entonces un instrumento para me­dir la realidad, que indica algo con la precisión que se de­see, pero sin producirlo. También un termómetro mide la temperatura, sin producir temperatura.
  7. La astrología piensa fundamentalmente de manera vertical, según el axioma esotérico: así como es arriba, así es abajo. Este pensamiento vertical es típico para todos los sistemas esotéricos. También es la razón principal por la cual esta manera de pensar les parece tan sin sentido a los que les es ajena. Fuera del esoterismo, se conocen solamente sistemas de pensamiento horizontal. Pero solamente con las cadenas de analogías verticales se pueden comprender de pronto muchas interrelaciones, que de otra manera se­rían incomprensibles.
Algunos ejemplos al respecto:
 
Una diversión de los arquitectos de interiores es decorar am­bientes totalmente en negro, combinado con cromados. Basta ho­jear algunas revistas de decoración y mirar algunas de estas pro­puestas. También se constatará que en todos estos ambientes, 'sin excepción, se ha elegido una planta de yuca. La razón de esto está en el seguro instinto estilístico de los arquitectos de interiores. Empero, de manera inconsciente siguen la cadena simbólica del principio saturnino. Un ambiente negro representa el principio de Saturno, para el que solamente se siente como adecuada una plan­ta que también representa este principio.
 
Para quien está ajeno a estas cosas, las mismas se pueden acla­rar más, por ejemplo: con ciertas costumbres idiomáticas. Así se emplea en alemán, en el idioma vulgar diario, en lugar de la palabra "Glueck" (suerte) la palabra "Schwein" (cerdo), alguien tuvo "cerdo". Sin la comprensión de la cadena vertical de analogías sería difícil comprender esta manera de expresarse. Pero para el que tiene formación astrológica la relación es clara. El cerdo representa en el nivel del reino animal el principio de Júpiter, que general­mente también se denomina "la gran suerte" porque es el principio de la plenitud y de la expansión. Se reemplaza el concepto de la suerte con otro concepto de la misma cadena vertical.
 
Algo así sucede con el modismo "tiene pájaros en la cabeza". El pájaro proviene de la cadena simbólica del principio de Urano, que representa toda interrupción de la continuidad y también todo lo que "se sale de lo común", "salirse de la norma"; "estar loco".
 
Como último ejemplo simple quiero citar la superstición de tocar madera tres veces, para asegurarse la suerte. La madera como material está también bajo el principio de Júpiter. Así, al tocar ma­dera tres veces, uno trata de ponerse en relación con el principio de la suerte a través de este representante material.
 
Estas simples indicaciones bastarán por el momento para seña­lar la justificación y lá utilidad de un sistema de pensamiento verti­cal. Más adelante, en conexión con la terapia astrológica, tratare­mos más de cerca el uso práctico de una matriz de este tipo.
 
La calidad del tiempo
 
Para entender mejor todavía la astrología como instrumento de medida tenemos que observar otro concepto menos familiar. Si se habla del tiempo, generalmente se entiende como una medida cuantitativa. Uno pregunta: ¿cuánto duró?, ¿hace cuánto tiempo?, ¿cuánto tiempo ha pasado? Se considera exclusivamente la cantidad del tiempo, pero según la ley de polaridad tiene que haber además del aspecto cuantitativo del tiempo (en griego: chronos) un polo opuesto, que llamaremos el aspecto cualitativo (griego: kairós).

 
El tiempo posee no solamente cantidad, sino también calidad. Pero actualmente ya casi nadie puede imaginarse algo respecto de la calidad del tiempo. Antiguamente era exactamente al revés. En­tonces se consideraba primordialmente la calidad del tiempo, y más bien se daba menos importancia a la cantidad. La calidad del tiempo no tiene nada que ver con la duración, sino que dice cada momento o período de tiempo (esto puede ser una hora, un segundo o una década), tiene una cierta calidad, que sólo deja manifes­tarse aquellos hechos que sean adecuados a esta calidad.
 
Dicho de otro modo: en un moniento dado pueden manifestar­se solamente aquellos hechos cuyos contenidos cualitativos sean adecuados a la calidad -del tiempo que reina en ese momento. Por tanto, el tiempo tiene que darle una abertura a una latencia, para que ésta pueda entrar en la realidad y manifestarse. Un avión no puede precipitarse a tierra en "cualquier momento", sino solamen­te cuando la calidad reinante del tiempo lo permite. Como tam­bién el tiempo sólo es un nivel de la realidad, así las calidades del tiempo no son otra cosa que correspondencias de nuestros princi­pios primordiales. Así, en cierto momento "reina" un cierto prin­cipio o mejor dicho, una cierta mezcla de principios.
 
Antiguamente se conocía además otra ley, actualmente olvida­da: "cada comienzo lleva en sí su fin." Esta ley dice que en el momento en que una cosa comienza, ya están fijados todo su transcurso y su fin. Nosotros tenemos la idea de que es posible interferir en algo que sucede e influenciarlo. Pero cada comíenzo ya contiene su fín, así como cada grano de semilla contiene toda la planta y además la semilla nueva. Siempre todo está en todo. En la semilla está el fruto, en el fruto la semilla.
 
Por todo ello, en los tiempos antiguos se le daba mucha impor­tancia a emprender ciertas acciones en la "hora justa". Porque cada empresa se desarrolla según la calidad de tiempo reinante en su comienzo. Por tanto, si uno quiere asegurar para una cierta em­presa un desarrollo cierto y un fin favorable, lo primero que hay que hacer es buscar antes, para el comienzo, una calidad de tiempo correspondiente. En tiempos antiguos era misión de los sacerdotes determinar la calidad del tiempo. Al hacerles una pregunta, los sa­cerdotes miraban "la hora" para averiguar la calidad del tiempò. De allí nace la palabra "horóscopo" porque "horoscopear" quiere decir "mirar la hora" (en griego: skopein = mirar). Por consiguien­te un horóscopo no es otra cosa que una instantánea del cielo en un momento determinado.
 
Un horóscopo de este tipo se hacía en otros tiempos para acontecimientos y empresas importantes, como el comienzo de una guerra, la concertación de convenios, etc. El así llamado ho­róscopo natal, la preparación de un horóscopo para el minuto de nacimiento de una persona, es un desarrollo relativamente nuevo y no constítuye de nínguna manera la parte más interesante de la as­trología.
 
Recordemos además que la mirada hacia el cielo no era de nin­guna manera el único método empleado por los sacerdotes para de­terminar la calidad del tiempo. Sabemos que también observaban las entrañas y el vuelo de los pájaros y que se interpretaba el compor­tamiento de las gallinas santas al comer. En estos ejemplos que co­nocemos de la antigua Roma, en vez del cielo se tomaba el nivel animal como punto de partida para la observación, con el fin de conocer los principios reinantes en un momento determinado.
 
En la historia de los sistemas mánticos se han empleado ya mu­chos niveles como sistemas de referencia, que obedecen todos a la misma ley de la conclusión por analogía vertical. Por ello, 1a inter­pretacíón de las cartas del Tarot para usos adivinatorios no es menos "científíca" o más "supersticiosa" que hacer un horóscopo. En base al hecho de que para hacer un horóscopo es necesario refe­rirse a tablas matemáticas, algunos astrólogos tratan de derivar la condición "científica" de la astrología, y se distancian de todas las prácticas "poco serias" como el Tarot, el I Ching y cosas parecidas. Dicho comportamiento es una tontería. Todos los sistemas mánti­cos y adivinatorios trabajan según el mismo principio. Pero los ni­veles de referencia son intercambiables a gusto.
 
Lo único que decide si una práctica es seria o no es la capaci­dad de quien la ejerce para transferir los resultados de su nivel de observación a otro nivel, mediante la analogía. Esta transferencia, que en la astrología se Ilama "interpretación" es la gran dificultad en todos los sistemas. Por eso probablemente siempre habrá más gente poco seria que seria, no interesa si se trata de echar las cartas o de la astrologîa.
 
Volvamos a la astrología. El horóscopo es entonces la represen­tación gráfica de la situación del cielo en un momento determina­do, con referencia a un cierto lugar. Cada horóscopo es por consi­guiente una ecuación de espacio y tiempo. Un horóscopo siempre se refiere al lugar donde se manifiesta el acontecimiento motivo del horóscopo y observa el fírmamento desde esa perspeçtiva.
 
Aquí también quiero contestar al reproche muy común, de que la astrología trabaja todavía con una imagen geocéntrica del mundo. Esto es correcto porque para el hombre no puede haber nunca otra imagen que no sea la geocéntrica. Para el hombre en su vivencia hasta sería falsa una imagen del mundo heliocéntrica, por­que independientemente de los cálculos de la astronomía, el hom­bre experimenta día a día, por ejemplo, que el Sol sale a la mañana y se pone a la noche. Esta vivencia es mucho más real para la psi­que del hombre que el saber funcional de que la Tierra gira alrede­dor del Sol. El hombre no puede vivenciar esto psíquicamente y por eso no tiene relevancia para él.
 
Entonces la imagen heliocéntrica del mundo es correcta para los científicos y los astronautas. Pero el hombre en general y el astrólogo en especial no se imaginan sin embargo otro punto de refe­rencia que no sea la Tierra. Porque es aquí donde se desarrolla la vida humana. Bonn es la capital de la República Federal de Alema­nia. Esto es correcto, pero no sería ninguna razón para que yo hiciera imprimir como habitante de la ciudad de Munich, tarjetas con una dirección en Bonn. El hombre no puede experimentarse en otro centro que no sea él mismo, refiriendo el mundo a sí mis­mo. Cuando no hace esto, pierde su "ubicación" y las raíces de su alma. Aquí se halla la justificación más profunda de por qué la iglesia se resistió tanto tiempo a aceptar la imagen heliocéntrica del mundo.
 
El horóscopo como instrumento de medición
 

 
William Lilly,  Master Astrologer
 
ESCUELA DE ASTROLOGÍA - WILLIAM LILLY - POWERED BY GOOGLE
 
 

domingo, 30 de agosto de 2015

LA ASTROLOGIA I

LA ASTROLOGIA
 
 “Un sistema de representación de la realidad” Por  Thorwald Dethlefsen
 
 
Así como en el día, en que al mundo vienes,
El sol saluda a los planetas,
De inmediato y de más en más tú creces,
Según la ley, por la que te presentas.
Así debe ser, huir de ti no puedes,
 Así ya lo dijeron sibilas y profetas.
Y ningún tiempo ni poder fracciona
 La forma acuñada, que viviente evoluciona.
 Orphische Urwote (Voces Orficas primordiales)
J. W. von GOETHE
 
 
Este material no es para reproducirlo o fijar en otros blogs o websites, o en documentos PDFS, como ha sucedido con otros artículos nuestros sin autorización previa de parte de La Escuela Internacional de Astrología.
  1. La astrología es la disciplina esotérica más conocida por el público. Las discusiones entre partidarios y adversarios de la astrología siempre se vuelven a encender con renovada pasión.
  2. La mayoría de las ideas del profano sobre astrología son totalmente falsas, cosa que dificulta que tanto partidarios como adversarios la comprendan.
  3. Siguiendo al espíritu de la época hay cada vez más astrólogos que tratan de separar la astrología de su origen esotérico y adaptarla, paso a paso, al estilo de razonar funcional científico. Se esperaba que con tal proceder fuera reconocida por la ciencia oficial. A causa de este proceso se ha degradado la astrología original a una pura técnica.
  4. La astrología originaria es típicamente una disciplina esotérica en su estructura interna y su manera de pensar. Basándose en la filosofía que fundamenta la astrología, nos proponemos desarrollar a continuación consideraciones ulteriores sobre el tema destino y enfermedad.
Antes de hacer algunas reflexiones abstractas para una mejor comprensión de nuestro tema, pediré al lector que resuelva los dos problemas siguientes: Busque lo que tengan en común en cada ca­so (su idea genérica) los siguientes conceptos:
 
a)             perro, estornino, hormiga, cocodrilo, oso, elefante, trucha.
 
solución: ................ .............................
 
 b)     plomo, macho cabrío, dientes, hiedra, celda de convento, color ne­gro, minero.
 
solución: .............................................
 
Con seguridad, la solución del problema a) no representa ninguna dificultad. Porque el concepto genérico "animal" es inmediatamente reconocible para cualquiera. Pero mucho más difícil resultará la solución del problema b) porque los conceptos citados no parecen nada homogéneos. El sentido y la explicación de estos dos planteamientos se explicarán en lo que sigue, paso a paso.
Cuando el hombre se enfrenta con la diversidad de las formas fenoménicas, siente la necesidad de ordenarlas. Todas las filosofías y ciencias corresponden a ese fundamental deseo humano. Pero desde siempre ha habido dos caminos diferentes para ordenar esta variedad que al principio parece inabarcable:
  1. Creando conceptos genéricos para las distintas individualidades con características comunes (por ej.: plantas, animales, piedras). Así resulta una subdivisión de la realidad en niveles (reino animal, vegetal, mineral, etc.).
  2. Se buscan unidades de las cuales se compone la variedad, mediante distintas relaciones de mezcla. Tanto la teoría de los elementos como también el modelo atómico de los filó­sofos presocráticos se basan en este modelo de pensamiento.
En cuanto a este modo de ordenar, el documento de nuestra época que más impresiona es el sistema periódico de los elementos. Un sistema tal permite reducir la diversidad de las formas fenoménicas a algunas cualidades originarias. Las diferentes composiciones y proporciones de mezcla dan la realidad múltiple, cuya estructura se puede comprender mejor así.
 
 
Los principios primordiales de la realidad
 
 
Este segundo modo de proceder, válido en el ejemplo del siste­ma periódico sólo para el nivel de la materia, ahora lo vamos a transferir al total de la realidad. Aquí partimos nuevamente de la consideración de que la variedad se basa en un número limitado de unidades. Pero como queremos abarcar toda la realidad con nues­tro sistema, tenemos que buscar unidades que tengan vigencia en todos los niveles, ya sea el reino animal, el vegetal, a nivel material o psíquico. La materia siempre necesita información para ser configurada. De ahí re­sulta que la idea es siempre lo más original y más real.
Desgraciadamente en nuestra época materialista se ha impuesto la opinión contraria. Así, se piensa que primero hay una piedra y que entonces el hombre, al contemplarla, desarrolló la palabra y la idea de la piedra, pero en realidad pasa exactamente lo opuesto. Sin la idea de la piedra nunca se puede manifestar una piedra concreta. La idea y el idioma siempre están presentes mucho antes que sus representaciones materiales. ("En el principio era el Verbo...")
Si un pintor quiere pintar un cuadro, lo primero que necesita es una idea, sólo entonces puede transferir esta idea al plano mate­rial. No es el cuadro el que crea la idea, sino que es ésta la que se condensa en un cuadro. Si entonces queremos proyectar un "sistema periódico de la realidad", nuestras unidades hipotéticas tendrían que ser ideas arquetípicas.
Deben existir tales imágenes arquetípicas como elementos pri­mordiales de la realidad, pero al hombre le resulta muy difícil el acceso al mundo de las ideas puras, por eso, por el momento, for­mulamos unidades hipotéticas y las caracterizamos con símbolos abstractos. Por ahora no tiene importancia cuáles son esos símbo­los. Sería posible, y de acuerdo con nuestra época, que fueran X, Y, Z, etc. Así tenemos a X como una determinada idea arquetípica en el campo del mundo de las ideas. Pero como este mundo de las ideas es la imagen primordial de nuestra realidad visible y percepti­ble, ésta debe encontrarse también en el mundo manifestado.
Con más precisión, esto quiere decir, que debe hallarse en cada nivel de la realidad un cierto representante de la idea arquetípica X. Así encontraremos tanto en el reino animal, como en el vegetal o el mineral, así como también en el nivel del hombre, algo concreto que represente la idea arquetípica X en este nivel de la realidad. Si X no se puede descubrir en cada uno de estos niveles, entonces no merecería el título de "ideas arquetípicas". Esta consideración nos conduce a una matriz que contiene los distintos niveles, que son atravesados verticalmente por las ideas o principios arquetípicos determinados:                                                                                                             
 
 
 TABLA O MATRIX DE LA REALIDAD

 
Principio Primordial
X
Y
Definición del principio
Estructura, obstáculo, resistencia
Energía. impulso
Cielo
?
?
Mineral
Plomo, cal
Hierro
Planta
Hiedra, cardo, acebo, cola de caballo
Ortiga
Animal
Cuervo, macho cabrío
Fieras, roedores
Cuerpo
Esqueleto, dientes
Músculos, sangre arterial
Enfermedades
Enfermedades degenerativas, formación de cálculos
Inflamaciones, heridas
Lugares
Prisión, convento, asilo de ancianos, cementerio
Forja, campo de batalla
Región
Montañas, desierto frío
Región volcánica
Social
Minero, personas ancianas
Soldado
Color
Negro, azul marino
Rojo
 
En esta matriz hallamos algunos representantes de X e Y en distintos niveles de la realidad, cuya significación o justificación por ahora nos es difícil de comprender. En este momento es suficiente aceptar que el ordenamiento sea así, porque no estamos considerando todavía si son correctos o no.
Lo que sí debería estar claro es que un principio arquetípico atraviesa verticalmente todos los niveles del mundo de las formas.
El número de niveles no tiene límites, los niveles mostrados son un pequeñísimo segmento y se pueden extender a todos los niveles que se prefiera (por ejemplo: tipos de verdura, acciones de cervece­rías, instrumentos musicales, estilos de construcción, etc.). Algu­nos habrán descubierto bajo X los conceptos de la pregunta inicial b). Aquí se puede llegar a entender, en qué se diferencian las preguntas a) y b).
La pregunta a) contiene distintos conceptos de un solo nivel, a saber del reino animal. Todos hemos sido educados para reconocer esto. Pero la pregunta b) contrariamente, contiene conceptos de una serie vertical de principios, cuyo concepto genérico reside en un principio arquetípico hasta ahora no definido, al que, por ahora llamaremos X. A1 tratar de resolver concretamente el problema b) debíamos darnos cuenta que no estamos acostumbrados a pensar de manera vertical y por eso no vemos ningún elemento en común, por más que así sea, como ahora se irá aclarando poco a poco.
Es importante comprender que existe tanto una distribución horizontal de la realidad en niveles, como también un orden vertical de cadenas de principios. La primera es usada casi exclusivamente por la ciencia, la segunda la usa el esoterismo casi con la misma exclusividad. Porque el axioma: "Como es arriba, así es abajo", lleva obligatoriamente a una manera de pensar vertical. Así que el sistema de pensar científico y el esotérico se diferencian ya exteriormente en exactamente noventa grados. De ahí resulta el bien conocido "discurrir el uno por al lado del otro", característico del desencuentro de ambos enfoques, lo que no debería sorprendernos.
La matriz dibujada nos deja sacar más conclusiones, por ejem­plo: si por cualquier razón cambiara un principio arquetípico, se debería tornar visible ese cambio simultáneamente en todos sus representantes y en todos los niveles de la realidad. Así, de modo análogo, deberían tener sus efectos toda interacción y mutua in­fluencia de los principios primordiales en todos los niveles del mundo visible. Esta relación necesaria también debería hacer posi­ble sacar a la inversa conclusiones de la observación de los repre­sentantes de cualquier nivel concreto, con respeto a las ideas pri­mordiales, que de otra manera no nos serían accesibles.
De modo más concreto, esto significa: cada principio primor­dial tiene que tener un cierto animal que le corresponda en ese reino. Si conozco esta correspondencia, puedo tomar un animal de cada principio y reunirlos juntos en un zoológico. Observado cómo se comportan estos animales entre sí, debería ser posible sacar con­clusiones, tanto respecto al nivel de los principios primordiales, como también para todos los demás niveles concretos, es decir, se extraen conclusiones por analogía de la observación de un nivel hacia otro nivel.
Para proceder así es necesario conocer exactamente las corres­pondencias verticales y también la capacidad de transportar por analogía las observaciones concretas de un nivel a las circunstan­cias de otro nivel. Así que, en pura teoría, observando animales, podemos sacar conclusiones sobre las plantas, los paralelismos so­ciales del hombre o el comportamiento de las acciones de una cer­vecería. Pensar así se llama sacar conclusiones por analogía y no tiene nada que ver con la causalidad.
Para citar un ejemplo banal, esto significaría aproximadamente lo siguiente: si yo sé por experiencia que los domingos debo ir a la iglesia y que cada domingo hay asado de cerdo para la comida, en­tonces puedo llegar a la conclusión de que, si hoy tengo que ir a la iglesia, hoy también voy a comer asado de cerdo al mediodía. Esta conclusión lleva a resultados correctos si bien "ir a la iglesia" no tiene nada que ver con "almuerzo", no existe ninguna relación causal entre los dos hechos. Lo que hace que mi conclusión sea correcta reside en un tercer punto en común, a saber, que estos dos hechos se producen un día, domingo. Pero este tercer punto en común se puede omitir completamente en el momento de sacar la conclusión.
Volvamos a nuestra "matriz de la realidad". En principio resul­ta totalmente indiferente cuál es el nivel que elijo como base ini­cial para una observación y cuáles son los otros niveles sobre los que proyecto las conclusiones por analogía. Pero en la práctica, no todos los niveles se prestan igual de bien. Así que no le aconseja­ría a nadie usar el "zoológico de los principios primordiales", mencionado como ejemplo, para uso diario. Aunque más adelante veremos que en la historia se ha hecho uso prácticamente de todos los niveles para estos fines.
Empero, en la búsqueda de un nivel de observación ideal se presentó el firmamento como especialmente fecundo. El nivel del firmamento no se mezcla con otros, y el comportamiento de los astros, captable matemáticamente, hace posible una interpolación para el pasado y el futuro, sin tener que estar observando constantemente. Corno el firmamento con sus astros es un nivel de la realidad como cualquier otro, también en él se debían encontrar los re­presentantes de todos los principios primordiales.
Por eso es que se dio a los diferentes cuerpos celestes los nom­bres de los distintos principios que representan en cada caso en el cielo.
Finalmente debemos encarar los nombres de estos principios primordiales porque en la historia de la humanidad no se los designó con X, Y, Z, como lo hemos hecho nosotros por el momento. Lo que se ha hecho es tomar otros signos como símbolos que no se eligieron al azar, sino que ya eran jeroglíficos discernibles de los principios.
Nos acordamos del axioma mencionado inicialmente, de que todo lo que origina la naturaleza se compone de la trinidad cuerpo, alma y espíritu.
El espíritu se designaba en los tiempos antiguos con el símbolo del círculo, que debía simbolizar la unidad y la perfección del principio espiritual. Para el alma el semicírculo, o bien una copa, representaban la predisposición, la receptividad y la impresionabi­lidad del principio del alma. Finalmente el cuerpo se expresa por el símbolo de la cruz, que representa la esencia de la materia, de manera análoga el número 4. Con estos tres símbolos básicos O U + se formaron por distintas composiciones los símbolos de los diferentes principios primordiales. Determinadas consideraciones condujeron a los sabios de la antigüedad a adoptar 7 principios primordiales. No es el momento de tratar aquí la justificación del número 7. Solamente quiero recordar que también el arco iris tiene 7 colores, la semana 7 días, el Padre Nuestro 7 súplicas, etc. Así en la antigüedad se conocían 7 cuerpos celestes. Ciertamente en los tiempos modernos se han agregado 3 planetas más, hasta llegar a 10, cosa que en sí no anula el clásico número 7.
Así se declaró al Sol representante del principio espiritual O recibió como símbolo un círculo con un centro. La luna represen­ta lo anímico y lo receptivo. La cruz como símbolo de la materia (+) no se representa sola, porque la materia sin alguno de los otros dos principios no puede existir. El símbolo de Mercurio nos muestra que los 3 principios están reunidos en equilibrada ar­monía. El símbolo de Marte  (ésta es la manera originaria de escribirlo hoy se cambia la cruz por una flecha, para evitar equivocaciones) nos muestra como la materia domina al espíritu, pe­ro también como el espíritu pone en movimiento a la materia des­de abajo. El polo opuesto es Venus, donde domina claramente el espíritu sobre la materia. En el principio de Júpiter. Domina el alma sobre lo material, pero el principio de Saturno2 muestra claramente como pesa la materia sobre el alma.
 
William Lilly,  Master Astrologer
 
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